Feb 10 2010

Una ciega con mucha vista

Impresionante. Perturbadora. Angustiosa, Turbadora. Los adjetivos del diccionario parecen agotarse pronto para describir la adaptación del “Ensayo sobre la ceguera” del Premio Nobel portugués José Saramago por parte de Fernando Meirelles, en una curiosa coproducción brasileña, canadiense y japonesa. La película parte de la novela: una extraña epidemia de ceguera sacude un país y las víctimas son enclaustradas. En el encierro, un lazareto, se dan todo tipo de atrocidades, pero también heroicidades, como las de la protagonista (una excelente Julianne Moore), una mujer que conserva la vista pero que lo mantiene en secreto para poder acompañar a su enceguecido marido.

La película, con unos actores muy convincentes y un ambiente realmente claustrofóbico, con un hábil manejo de la fotografía y de la iluminación, mantiene la metáfora política de la novela de Saramago, que continuará en otras obras (la magistral “Ensayo sobre la lucidez”, donde reaparecen algunos personajes de “Ensayo sobre la ceguera”) La verdad es que el director Fernando Meirelles ha conseguido algo muy complicado: trasladar la obra maestra de Saramago a la pantalla sin perder la esencia por el camino.

Pero lo más importante es el mensaje de Saramago, bien reflejado en la película: descender al infierno (que son los otros, como decía Sartre) es necesario para descubrir lo que es capaz el ser humano, en lo bueno y en lo malo. La civilización, base de nuestras sociedades, deja paso al egoísmo, a la crueldad, a la brutalidad, cuando está en juego la supervivencia. Pero el mensaje no es totalmente negativo: siempre, hasta en las peores circunstancias, hay sitio para la esperanza, para la solidaridad.

Blidness (A ciegas). Director: Fernando Meirelles. 2008. 118 minutos


Ene 14 2010

Impresionante Impresionismo

No encuentro palabras para describir la impresionante exposición que la Fundación Mapfre ha montado con 90 obras del Musée d’Orsay y que hasta ahora no se habían visto en España. Es posiblemente la exposición del año. Está hasta el 22 de abril en la Sala Recoletos (Paseo Recoletos, 23, Madrid). Un paseo, muy bien estructurado y organizado, por la exposición permite hacerse una idea de cómo el Impresionismo ha supuesto un nuevo Renacimiento, generado innovadoras maneras de hacer y de entender el arte. Lo más curioso es que el impresionismo y su afán de transformación no implicaron una ruptura radical con el arte tradicional, más académico, por mucho que el ortodoxo y conservador Salón de París no aceptara sus obras. Se admira El pífano de Manet y no se entiende ese rechazo.

Ésta es una de las grandes aportaciones de la exposición, porque presenta obras maestras de los impresionistas junto a las de otros artistas que en el mismo período, buscaron una renovación de la pintura por otros caminos. En cualquier caso, contemplando las obras de Manet o de Whistler se atisba la influencia de la escuela barroca española, sobre todo de Velázquez.

Pero también se pueden ver las primeras tentativas de formación de un grupo de vanguardia, como la Escuela de Batignolles. El cuadro de Fantin-Latour, La Escuela de Batignolles, corona a Manet como centro y alma del grupo, a pesar de que nunca quiso exponer con ellos. Y de Manet a Monet, el gran virtuoso del arte, pasando por Renoir, o la sensualidad, por Pisarro y Cezanne, o la solidez estructural.

Frente a éstos, Degas opta por la renovación del clasicismo para crear la ilusión de representar un instante de la vida moderna. Y para terminar esa impresionante exposición del Impresionismo, el triunfo que suponen las últimas obras de Manet. La utilización del arte al servicio de la revolución, sin sacrificar la belleza ni la innovación.


Oct 11 2009

Nijinsky: la filosofía del círculo

Otro acierto del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre. La exposición La danza de los colores. En torno a Nijinsky y la abstracción (hasta el 20 de diciembre, en la sala del Paseo de  Recoletos, 23), realizada en colaboración con la Kunsthalle de Hamburgo, tiene el acierto de traer a España los dibujos del bailarín ruso Vaslav Nijinsky, prácticamente desconocidos, y obras de otros artistas relacionados con éste.

Esta muestra es una iniciación a la filosofía del círculo. Para Nijinsky (véanse sus Diarios, publicados en 1918), “el círculo es el movimiento perfecto, completo. Todos e basa en él: la vida, el arte”.  Igual que en sus coreografías, se trata de representar el movimiento del ser humano. Para ello, él, y otros artistas (Sonia Delaunay-Terk, Alexandra Exter, Vladímir Baranov-Rossiné, Frantisek Kupka) recurren a formas circulares giratorias, arcos, espirales, curvas, figuras inspiradas en la música, imágenes yuxtapuestas, colores puros (en el sentido de quedar liberados de su función de representación). Se intenta (y lo maravilloso es que se consigue) trasladar al lienzo el ritmo, los movimientos del cuerpo que danza, hasta el punto de que las faldas de vuelo circular de las bailarinas se transforman en planetas que giran en torno al Sol.

Lo escribe el artista bohemio (nació en Bohemia en 1871), Frantisek Kupka en La creación de las bellas artes (1923): “Todas las cosas no son más que una danza ejecutada en cadencias alrededor de puntos, en torno a focos que son como fuentes de impresiones que nostros percibimos una tras otra. Cuando buscamos el principio de todo eso, llegamos a la vida de una célula elemental: los movimientos con los que se estira y contrae sucesivamente se corresponden con el ritmo cósmico del cambio y la multiplicación”.

En obras como las de Sonia Delanuney-Terk, también rusa como el bailarín, se ve cómo se hace realidad la teoría de la pintura simultánea, desarrollada por Robert DElaunay (con el que se casó en 1910). El milagro de que el cuadro siempre parezca nuevo cada vez que es contemplado, la renovación permanente de lo idéntico, como escribe Max Imdahl. O como dice Vladímir Baranov-Rossiné (nacido en la actual Ucrania en 1888) en una carta a los Delaunay (1924), “el artista ya no es esclavo de la superficie del cuadro”, porque “en un segundo, miles de millones de cuadros: un caleidoscopio voluntarioso, universal”.


Oct 11 2009

Mirar y ser visto: retratos en movimiento

La segunda gran exposición de inicio de temporada de la Fundación Mapfre (hasta el 20 de diciembre en la sede del Paseo de Recoletos, 23 en Madrid) es Mirar y ser visto. De Tiziano a Picasso. El retrato en la colección del Masp, el Museo de Arte de Sao Paulo (Brasil). Se trata de 33 obras maestras del retrato europeo, de los siglos XVI a XX. Una muestra que demuestra que el retarto es uno de los géneros más desarrollados del arte, seguramente porque la representación de la individualidad y su perdurabilidad en el tiempo (en el fondo, el afán de diferenciación y de eternidad) son consustanciales al ser humano.

El gran acierto de esta exposición es que permite contemplar, en apenas una treintena de obras, cómo ha evolucionado el retrato. Del fondo neutro y las poses hieráticas, sin movimiento físico y psíquico, que retrata el poder más que la persona, se pasa al retrato de la individualidad, lo que es, más que lo que representa, incluso a costa de confundir (lo de menos es el parecido fisiognómico con el retratado), introduciendo también el movimiento.

El mensaje es que en el retrato el espectador se enfrenta a la imagen del otro, que a su ve le devuelve un retrato de sí mismo. Por eso hay que disfrutar de esas 33 obras y contemplarlas con fruición y detenimiento.


Oct 11 2009

Ver Italia y morir: un viaje en el tiempo

Hasta el 20 de diciembre se puede ver en la sala de exposiciones de la sede de la Fundación Mapfre (en el madrileño Paseo de Recoletos, 23) Ver Italia y morir. Fotografía y puntura en la Italia del S. XIX. La muestra, realizada en colaboración con el Musée d’Orsay de París, hace referencia a la frase de Goethe (”Ver Nápoles y luego morir) y es un auténtico viaje en el tiempo, hasta los años donde se inventó el daguerrotipo. También recuerda el Grand Tour, el rito de viajar a Italia que tenían los intelectuales de la época.

Pero sobre todo es un diálogo entre la naciente fotografía y la pintura y la escultura. La fotogradía permite una aproximación más austera, teóricamente más objetiva, frente a la representación de los paisajes ensoñados o recordados por las artes clásicas. Y hace posible la democratización del arte, al ponerlo al alcance de cualquiera. Ya no hace falta realizar un viaje para ver Italia.


Oct 11 2009

La línea negra: el color de la sangre

Otro acierto de la casualidad en la Biblioteca del Centro Cultural Antonio Machado. La línea negra, del periodista francés Jean-Christopher Grangé,  te atrapa desde la primera línea y no te suelta hasta el final (por cierto, totalmente sorprendente tras medio millar de angustiosas páginas). Es una obra maestra  de la angustia, de la destilación de adrenalina, de violencia hábilmente suministrada a cuentagotas. Además, el argumento no sólo es original, sino que es creíble. Un antiguo campeón mundial de inmersión libre (apnea), Jacques Reverdi, es encontrado (y casi linchado) por unos pescadores de Malaisia tras cometer un crimen mediante un sangriento ritual. En París, un periodista de sucesos, Marc Dupeyrat, sigue la historia de los asesinatos de Reverdi y desarrolla una hábil estratagema para acercarse a la verdad.

Es una sobrecogedora trama, con elementos psicológicos, con reflexiones sobre el periodismo y la ética (más concretamente, de la falta de ésta), marcada por la obsesión por los colores  de la sangre y por la pulsión del mal. Yo no conocía al autor, pero en esta obra se entiende por qué es considerado como el gran maestro de la novela negra francesa. Léanla, no se van a arrepentir.

La línea negra. Jean-Christophe Grangé. Traducción de Teresa Clavel. Grijalbo intriga. 523 páginas


Sep 28 2009

District 9: Contra todos los racismos

La verdad es que recibí con bastante escepticismo el estreno de esta película dirigida por Neil Blomkamp. Me parecía muy surrealista la metáfora de una enorme nave extraterrestre sobrevolando nada menos que Johannesburgo, una de las cumbres del appartheid sudafricano. Pero la elección de ese lugar maldito para la dignidad humana ha sido un completo acierto. Nada mejor que ese sitio para comprobar cómo las víctimas del racismo de los blancos se transforman en aisladores de unos extraterrestres que recuerdan a unas gambas gigantes.

La raza extraterrestre se ve obligada a vivir en condiciones penosas en un campo de concentración a las afueras de la ciudad, en un ghetto tan sombrío como los que sufrían los negros en Sudáfrica no hace tanto tiempo. Junto al lugar, es un acierto el estilo de documental y, sobre todo, el personaje central, un blanco seguramente bienintencionado pero que es víctima de sus propios prejuicios racistas.

Un racismo que sufrirá en carne propia cuando un accidente provoca la tragedia y la revelación de todo lo que esconde en realidad el Distrito 9 y la sombría y maquiavélica MNU, de la que el protagonista es empleado recién ascendido. Y que le ayudará, no obstante, a encontrar su propio camino y ha tomar una decisión desde la dignidad y la solidaridad.

Toda una metáfora de todos los racismos, muy bien narrada, perfectamente enfocada con la cámara, ágil y amena, con escenas de gran realismo. Una película, en definitiva, que debe hacernos pensar en el pequeño racista que todos llevamos dentro.


Sep 27 2009

Anticristo: 104 minutos para no entender nada

No parece que Nicole Kidman, que trabajó con Lars von Trier en la magistral Dogville, se haya equivocado al rechazar el papel de Ella en Anticristo. Charlotte Gainsboryg se hizo con el papel, y compite con un excepcional Wilhem Dafoe, Él, en una película que sólo tiene esos dos personajes (más unos pocos animales procedentes de la República Checa).Para unos es una obra de arte, séptimo arte llevado al extremo, he llegado a leer en alguna crítica. Yo, lo siento, me he tirado 104 minutos sin entender nada. Ni siquiera cómo se han podido gastar 11 millones de dólares en una película con dos personajes y una cabaña en un bosque.

La trama es sencilla: una pareja folla y, justo cuando la mujer llega al orgasmo, ve cómo su hijo se cae por la ventana tras escaparse de la cuna. Víctimas del dolor, Ella y Él se retiran a una cabaña en un retirado bosque, llamado Edén, donde esperan resolver sus problemas.

En ciertos momentos, la película es muy fuerte, con mucha violencia e imágenes ciertamente impactantes. No creo que la intención del director sea ofender, porque la película está muy bien rodada, artísticamente raya con la perfección. Pero uno sale de la película sin llegar a entender qué es lo que realmente quiere decir el adalid del Dogma con esta historia, donde se mezclan en un mal cóctel la religión (en realidad, el fanatismo), la sexualidad y la psicología, el sentimiento de culpa llevado al extremo y todo tipo de horrores visuales y mentales. Será una metáfora, pero yo no la he captado.


Sep 27 2009

Lisette Model: Dispara desde el estómago

Shoot from the gut (“Dispara desde el estómago” o, más literalmente, “Fotografiad con las tripas”); “Nunca fotografíes nada que no te interese de una manera absolutamente apasionada”. Los consejos de Rogi André fueron muy bien asimilados por Lisette Model, fotógrafa nacida en Viena en 1901 pero con nacionalidad estadounidense por culpa de los nazis (era de una familia judía), como se refleja en la exposición que se puede ver en la sala de Azca de la Fundación Mapfre hasta el 10 de enero de 2010. Una muestra que permite entender la fotografía como una forma de explorar la realidad, de indagar en ella. Lo que enseñan las fotografías de Lisette Model es que nos hacen ver algo que cuando miramos directamente las cosas somos incapaces de apreciar.

Y eso que Lisette Model acabó en la fotografía por motivos de subsistencia (y porque su hermana Olga, de la que aprendió la técnica de laboratorio, sí lo era), porque ella en realidad quería ser cantante. Eso que ganó el arte del retrato. Lo más interesante de la obra de Lisette Model es cómo retrata las clases sociales, cómo trata al ser humano como ser social, como pilla en la calle, en lugares públicos, a personas despreocupadas, ensimismadas, sin conciencia de estar sometidos a una cámara fotográfica.

Además, Lisette Model recortaba sus imágenes, para dotarlas de más intensidad, si cabe. De esta forma, agudiza una mirada incisiva, que pone al descubierto lo que el fotografiado no quiere enseñar. Sus imágenes, teñidas de ironía y hasta de compasión, son primeros planos que nos permiten entrar en el ámbito privado del fotografiado

Model empieza a fotografiar para poder comer y para independizarse. Retrata primero el París de la depresión, y ya se muestra su peculiar estilo: la espontaneidad, el apasionamiento por lo humano, la denuncia de una clase social incapaz de evitar que la guerra asolase Europa. Luego, en Nueva York retrata la naciente sociedad del consumo y sigue con su denuncia social (tuvo problemas con el maccarthismo).

Su obra maestra es, quizás, Bañista de Coney Island. Sigue el consejo de otro maestro, Walker Evans, sobre que “la verdad debe ser descubierta, no construida”. Muestra la visión norteamericana del mundo y de la vida a partir de la superación de la posguerra. Y fija su peculiar estilo, con la confrontación de la cámara con la mirada. Para Lisette Model, “la cámara es un medio de detección, muestra no sólo lo que ya sabemos, sino que puede explorar nuevos aspectos de un mundo en constante movimiento”.


Sep 8 2009

Millennium: unos Quijotes suecos

Parecerá una osadía comentar en unas pocas líneas una trilogía que suma 2.274 páginas. Pero dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Así que, ¿por qué no intentarlo? La obra del malogrado Stieg Larsson (murió de un infarto nada más entregar al editor la tercera parte de la trilogía) tiene una gran virtud, que atrapa al lector hasta convertir su lectura en una droga, en un interminable quiero más, y más, y más, en un preguntarse cada página qué es lo que va a suceder en la siguiente. Hasta el punto de que el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, lo devoré durante el vuelo entre Madrid y El Cairo. Y los otros dos, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, en la tumbona del barco que me transportó desde Luxor a Aswan durante cuatro días. Me ha atrapado tanto que he vuelto a leer la trilogía nada más dejar La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones, en Egipto y de nuevo en España. Para que se hagan una idea: las 2.274 páginas saben a poco, porque el lector hubiera querido seguir leyendo hasta caer exhausto.

Un gran acierto de Larsson es hacer creíble y verosímil todo lo que cuenta, por increíble que pueda parecer. Tan real como la vida misma. O incluso más. Su intención es clara, al iniciar cada capítulo con un dato estadístico real (en la primera obra, sobre la violencia sobre las mujeres en Suecia;  en la segunda, ecuaciones matemáticas; en la tercera, mujeres que combatieron en guerras). Hasta el punto de que no sorprenda que en la idílica Suecia (para uno del Sur de Europa) haya fiscales prevaricadores, psiquiatras torturadores, tutores violadores, policías de Delitos Sexuales que violan prostitutas, espías que en nombre de la seguridad del Estado montan una policía en la sombra que comete todos los delitos posibles, instituciones públicas que no cumplen con su obligación y empresarios que fabrican inodoros baratos gracias a presos políticos y a menores en Asia, y un largo etcétera de abusos y crueldades.

Y todo sale a la luz gracias a un periodista y a la víctima principal de esos abusos, Lisbeth Salander. Un personaje que ha entrado ya en la historia de la literatura, al lado de Harry Potter. Otro Quijote contemporáneo. Éste, británica. Ella, sueca, pero que rompe todos los moldes: pequeña, esquelética, con piercings y tatuajes. El personaje más logrado de la trilogía, y mira que hay unos cuantos (Mikael Blomkvist, Erika Berger, entre los periodistas; Monica Figuerola, entre los policías; Susanne Linder y Dragan Armanskii, entre los de la empresa de seguridad; Holger Palmgren, el boexador Paolo, entre los buenos; Alexandxer Zalachenko, Hans Fate, Peter Teleborian, Ronald Niedermann, el abogado Bjurman, entre los malos). Lisbeth y Mikael, cada uno con sus propias habilidades, pero sobre todo ella (con su memoria fotográfica y su dominio de la informática), son unos Quijotes suecos que combaten todos los abusos y todas las crueldades de una sociedad que suele mirar hacia otro lado.

Como periodista, me identifico totalmente con las críticas que hace Mikael al periodismo económico y me interesó sobre todo lo bien retratada que está toda la campaña de prensa que se hace contra Lisbeth, y lo bien descrita que está la forma de trabajar de los periodistas. Se nota que Larsson era del gremio. Tres citas: “el cometido del periodista económico era vigilar de cerca y desenmascarar a los tiburones financieros que provocaban crisis de intereses y que especulaban con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido”; “tu misión como periodista consiste en cuestionarlo y examinarlo todo con sentido crítico, no en repetir lo primero que alguien te diga, por muy bien situado que esté en la administración del Estado”; “piensa como un periodista. Averigüa quién difunde la historia, por qué lo hace y a quién beneficia”.

En lo que la trilogía de Larsson es también maravillosa es en la descripción de las amplias formas de relacionarse unos y otros, especialmente Mikael, quien casi sin proponérselo va enrollándose desde la libertad y desde el respeto con todas las mujeres. De nuevo, Larsson logra hacer verosímil y real algo bastante difícil de creer. Otras dos citas al respecto: “es posible que la amistad sea la forma más frecuente de amor”;  “el amor era ese momento en que el corazón quiere salirse del pecho”.

En resumen, una obra que no hay que perderse. Porque el lector pasará muchos buenos momentos leyéndola. Y aprenderá mucho de la psicología humana y social, de lo mal montado que está el mundo por culpa del propio ser humano y del Estado.

Los hombres que no amabana las mujeres. Stig Larsson. Traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Destino. 2009. 667 páginas

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolin. Destino. 2009. 751 páginas

La reina en el palacio de las corrientes de aire. Destino. 2009. 856 páginas